En alguna ocasión en que una persona conocida me ha contado la ira que albergaba, le propuse el perdón como solución definitiva a esa preocupación, sin embargo es común que, además de una sonrisita, la respuesta fuera que “para perdonar está Dios”. Es curioso porque en mi caso cuando he considerado el perdón como alternativa, la verdad es que nunca había pensado en que eso no estuviera en mis manos sino en las de Dios. Doy por hecho que el Creador en su magnanimidad perdona todo y a todos, lo difícil y complicado es que tú seas capaz de perdonar. De hecho yo he sido capaz de perdonar muchas veces, pero todavía hoy en día tengo asuntos pendientes de perdón que no he tenido el valor de afrontar. Así que reconozco que el perdón total, y en especial para algunos casos relacionados con la violencia (no es mi caso), es casi imposible para la mayoría de los seres humanos.
“La ira es un ácido que puede dañar más el recipiente que la contiene que cualquier cosa sobre la que se vierta.”
(Mahatma Gandhi)
A veces pasamos por alto acciones, como sería el caso de perdonar, que el único esfuerzo que requieren es tu propia voluntad para llevarlas a cabo, y que sin embargo si las acometemos generan un beneficio emocional y de autoestima sin medida para ti y para la persona que has perdonado.
El Perdón es en el fondo un compromiso y el reconocimiento de tu propia libertad de elección y de decisión, pues depende única y exclusivamente de ti. Por eso cuando dices “Yo no tengo que pedir perdón, sino que me tienen que pedir perdón a mí…” lo que estás haciendo es renunciar a tu propia libertad de decidir y lo dejas en manos de los otros. Pero además tiene un tremendo poder sobre la voluntad del que perdonas, tu perdón hace que tú también puedas ser perdonado. Y esto no son palabras, si te cuesta perdonar te invito a que lo hagas y experimentes lo que te digo. El perdón sincero es como el impulso eléctrico del desfibrilador que llega a tu corazón, pero que luego se siente y se transmite repetido al corazón de la persona que recibe tu perdón.
“El perdón rompe la cadena de causalidad, porque quien te «perdona», por amor, asume la consecuencia de lo que tú has hecho. Por consiguiente, el perdón siempre implica un sacrificio.”
(Dag Hammarskjöld)
Gracias.
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